1972 Agenda del Horror – 3ra Parte

Excl. p/ Nov.- Nada hay que acuda en ayuda del hacedor de biografías.  La de Carlos Eduardo Robledo Puch es común. A lo sumo, cabrá agregar que es  “hijo único” para explicar  algunos hechos, ciertas reacciones, pero hasta el 8 de febrero de 1972, cuando se conoce la noticia de su detención, sus andanzas no han  desvelado a nadie. De lo que  no se duda es de su carácter  hosco, agresivo, que se pone  de manifiesto a la hora de los  juegos infantiles y de sus deseos permanentes de ganar  en todo:”No es cierto, la      pelota pasô la línea…”,  sentencia enojado cuando en  un “mano a mano” futbolero, en la vereda de su casa,  alguien le niega un gol. Por  eso le pusieron “Leche Hervida”. Y porque cuando pasa  con su madre rumbo a la iglesia Jesús en el Huerto de  los Olivos, de soslayo, lanza  algún insulto.  Las remembranzas suelen  acrecentar defectos y virtudes. En Robledo Puch hay escasez de elementos para inclinar la balanza en un sentido u otro. A su paso por el colegio Cervantes, de la calle  Lavalle, en Florida, no ha  cosechado amistades. Se sabe que fue solicitado su retiro  tras un encontrón con la directora y que pasa al colegio  industrial. Lee mucho, desordenamente, pero sueña con  armar motores (su padre es  empleado administrativo de  una empresa automotriz  americana con planta en San  Martín) y, mientras tanto,  ambula de un lugar a otro. Se  infiere que en la escuela industrial es donde surge una  amistad muy fuerte con Jorge Antonio Ibañez,que tiene 15 años, uno más que Carlos, y es de frecuentar  boliches de onda y obtener  los favores de las mujeres.  Para entonces, Robledo Puch  descrée de la escuela. Pasa  por el colegio y definitivamente se deja llevar por la  molicie. Prefiere ser un especialista en mecánica ligera o  hacer carburación de motos.  Asegura que conoce los rudimentos del oficio. Nadie sabe  cómo, pero se produce el  reencuentro con Ibañez. Entre mutuas confidencias,  se estrecha la amistad y se pasa a una “sociedad de hecho”. El capital será “el trabajo”. Ya sabemos que Robledo Puch ambiciona algo  más que la pasatista espera  de oportunidades. El hurto  en una joyería es el primer  eslabón. Luego, Robledo robará una moto y estará detenido unos días en La Plata.  Ha cumplido 18 años. En el  interin, algunos pequeños robos van acelerando su carrera.  La relación con Ibañez, que  pareció enfriarse, vuelve a su  apogeo. Juntos planean viajes, placeres con mujeres bonitas, cruceros al Caribe y,  desde luego, prosaicas “raterías”. Ibañez parece ser un  “duro” con experiencia. En  sus charlas, en “El Ancla”,  desliza que “levanta” automóviles de una marca muy  importante. Pero su amigo  no ha de participar en estos  operativos.  Cuando Robledo Puch queda  solo, a comienzos de 1970, la  parábola irá describiéndose.  Su madre viaja a Europa. Su  padre al interior, quìzá vendiendo repuestos. La barra de  un café es el refugio para  idear los próximos pasos.  El 9 de mayo de 1970, hacia  la medianoche, irrumpen en  el viejo edificio de Ricardo  Gutierrez al l500, en Olivos. Hasta mediados de 1930  ha sido un taller gráfico propiedad de Mascheroni Hnos;  más tarde será ocupado por  el concesionario de  Industrias Kaiser Argentina; ahora, en 1970, es una  casa dedicada a la venta de  repuestos para el automotor.  Ingresan al local por la lindera estación de servicio de  Maipú y Ricardo Gutierrez, frente a la Municipalidad y al Banco Provincia, a dos cuadras de la Comisaría°, y se descuelgan  por una claraboya que da al  baño del establecimiento. El  encargado, su esposa y una  hijita del matrimonio duermen en sendas camas. El  hombre, de apellido Bianchi, es la primera víctima. En  las actuaciones figura que  Robledo le descerraja dos balazos y otro tanto hará cuando la mujer despierte sobresaltada. Ibañez culminará la  obra buscando saciar sus instintos.  Al salir ambos llevan entre sus  manos una regular cantidad  de billetes y repuestos de automóviles. Sonrien. La mirada  fría de Robledo ha recorrido  los rincones y se posa levemente en el pecho de la mujer.  No se mueve. Todo está perfecto…”okey”, como dirá al  introducir la primera velocidad en el Fiat 600 que los  aguarda a corta distancia. -Mientras tanto, penosa, lastimosamente, la mujer, herida pero no muerta, ha ido  arrastrándose más de cuarenta metros y al llegar a la  estación de servicio, casi desangrada, dirá: “Un hom-bre.._.un muchach.o..de  pe…lo largo…”.  Cerca del río, en los bajíos de  terrenos ganados a las aguas,  se levantaba “Enamour”,  una tradicional “boite” olivense que hace pocos años transitara los fulgores  de la noche del Norte. Por una ventana entran, en la  madrugada del 15 de mayo,  roban dos millones de pesos  y, de paso, por las dudas, Robledo victima a los serenos  Manuel Godoy y Pedro  Mastronardi que ni siquiera han despertado. “No quería tener problemas”,  aduce. Por el momento, no  los tendrá.

CAH

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