Buenos Aires, la reina del Plata

De nuestra redacciòn.– Durante su relativamente breve historia, Buenos Aires intrigó a los visitantes extranjeros, en especial a los británicos, que tuvieron tanto que ver en el desarrollo económico del país.

Hay una rica bibliografia en inglés que data de doscientos años atrás, donde se registra el increible crecimiento de la ciudad y las cambiantes visiones de aquellos que llegaron para ver «la ciudad más grande al sur del Ecuador», «la Paris, o «la Atenas de América», «la Babilonia del Sur», o «la ciudad del hombre blanco en Sud América», como la denominaron diversos autores.

Estos nombres recuperan la gloria de la época dorada de Buenos Aires, sin las imperfecciones y los defectos que son tan evidentes en la fotografia actual, sin retoques. La ciudad tiene muchas particularidades: más psicoanalistas que Nueva York, récord de consumo de tabaco (a principios de siglo, por ejemplo, el Banco de la Nación Argentina gastaba 100.000 pesos por año en cigarros para sus directores), con dos compañías tabacaleras que se ubican entre las diez primeras empresas del país en ventas, junto con compañías petroleras, automotrices y siderurgicas; más camas de hotel para alquilar por hora que cualquier otra gran ciudad; el liderazgo mundial en consumo de carne; uno de los primeros puestos en el de vino, y muchas otras inesperadas excentricidades que baten records.

Los cronistas extranjeros, en sus juicios acerca de la ciudad y sus habitantes, han sido con frecuencia demasiado entusiastas o hipercríticos. Los observadores argentinos son responsables de las mismas flaquezas. Mientras que las fotos ofrecen una visión singular de Buenos Aires, el texto origina una multiplicidad de opiniones y brinda un panorama de lo que ocurria en los escenarios de mucha de las fotos durante el apogeo del pais.

Una ciudad es más que la suma de las anécdotas que pueden señalar sus adiosincrasias; el alma de una ciudad no puede capturarse en una película de color, más allá de lo que crean los nativos de sociedades primitivas. La caza de almas demanda esfuerzo e intuición. También percepción y paciencia para mantener la neutralidad necesaria y dejar de lado aquello que se pretende transmitir como clichés probados y comprobados

Las fotos y el texto de ese libro muestran un fragmento de la ciudad, la visión de dos observado res que se complementan entre si para que el lector pueda tener una percepción más profunda de Buenos Aires, una ciudad que, a juzgar por sus primeros cien años de vida, parecia condenada a ser un rincón olvidado en el limite lejano de la imaginación colectiva de Europa y que, sin embargo, en su tercer siglo de vida-cambiando el sino de su pasado-pasó a ser, junto con Nueva York, la Tierra Prometida para millones de desamparados provenientes de Europa.

Hoy ya no es un páramo olvidado, ni el paraíso que se avizoraba en 1910, cuando John Foster Fraser pudo titular un libro: The Amazing Argentina, A New Land of Enterprise. Es Biuenos Aires.