El avance de la tecnología

De nuestra redacciòn.- Cuándo usted llama a uno de esos «services autorizados» de casi todas las marcas que publican sus bondades en diarios, revistas o volantes que suelen tirar por debajo de las puertas. Esos que ahora se publicitan por internet en las distintas plataformas. En algunos casos los usuarios pueden volcar sus opiniones de acuerdo a la experiencia y resultado del servicio realizado. Esto es de gran ayuda a los que quieren contratar gente con alguna referencia . Què mejor que la opiniòn de otro ciudadano que pasò por el mismo trance. Pero, cuidado, hecha la ley, hecha la trampa, decìa mi abuelita. Si se fijan algunos dìas seguidos veràn que cuando aparece alguna crìtica al trabajo realizado, casi inmediatamente es borrada, quedando asì solo los elogios.

Una amiga mía recurrió a uno de esos «genios» por el arreglo de un secarropas y el presupuesto que le pasó era mucho. Recurrió a un segundo y este le pasó un precio más acorde con el valor del artefacto, pero al marido de mi amiga le siguió pareciendo caro. Resultado: fueron a un tercero y éste les pidió un 20 por ciento más que el segundo. Al fín, el cuarto, bajó sus pretensiones al 40% menos que el tercero, y el quinto, por último, le pasó un presupuesto sensiblemente menor que el segundo. ¿Cómo puede ser?, se pregunta mi amiga, ofendida por la contestación de uno de estos «in yenieris»: «Le dije que por cambiar una piecita cualunque de un artefacto cobraba más que el doctor René Favaloro, y el técnico, con todo desparpajo, me contestó: ‘Entonces llame a Favaloro para que le arregle el secarropas».