Gastronomía: Desde Pompeya, la receta sugerida del mes

p/L.R.- Con tantos programas dedicados a los amantes del arte culinario -que los hay en todas partes  del mundo-los cables televisivos  se han anotado varios puntos a  favor. ¿Recuerdan cuándo alguien  dijo que la historia había muerto?  (creo que fue un tal Fukuyama,  japonés y economista). No faltó el  que intentara completar el aserto  agregando que la utopía -es decir,  la ilusión-también había fenecido  y estaba definitivamente “out”.  ¡Por favor, habría que invitarlos a  que comprobaran con sus propios  ojos cómo la historia, palpitante,  dinámica, transita por los ojos y  por la mente de tantos jóvenes, y  que la utopía es, además, el aleph  que concentra todos los puntos de  la esperanza de los que, ya ni tan  jóvenes ni tan esperanzados por  nuestro futuro, alentamos al futuro de esos mismos jóvenes.

Y si cocinamos, si estamos vivos, si  nos dedicamos a amar a los nuestros y a darles un poquito de amor a  los que no nos aman, mantendremos viva esa llamita de la historia  que nos hace vivir agradeciendo al  Superior un día más en nuestra existencia.  ¿Qué entramos en el pecado de gula?  ¡Pero es venial!

Aparte, ¿quién se  privaría de saborear un exquisito  matambre caliente, cuya receta me  facilitaron los reputadísimos  “chefs” de Pompeya Necesitaremos un matambre, una tacita de aceite,  una tacita de vinagre, sal, ají molido, pimienta, ajo, orégano, y para la  salsa: 2 tomates, 2 cebollas de  verdeo, 2 pimientos, perejil, ajo,  romero y orégano, 1 cucharada de  pimentón, 2 cucharadas de vinagre  (o vino tinto) y 1/2 cucharón de  caldo.  ¡Manos a la obra! Se coloca el  matambre en un fuentón y se lo  adoba durante cinco a seis horas  con la tacita de vinagre, la sal, el aji  molido, pimienta, el ajo bien picado  y orégano. Luego se arrolla, se ata  bien y se pone a hervir en abundante agua ligeramente salada durante  tres horas. Se saca y se prensa o se  deja enfriar para que al cortarlo  salga bien unido. Luego se pone a  dorar en el aceite. Seguidamente se  cubre con agua y sal y se deja cocinar hasta que se ablande. Aparte se  hace la salsa con los tomates, la  cebolla de verdeo, los pimientos,  perejil, ajo, romero y orégano a  gusto, todo muy bien picado, la cucharada de pimentón, el vinagre o  vìno tinto y medio cucharón de  caldo.  Media hora antes de servirlo, se le  agrega al matambre para que se  caliente bien y tome gusto.  _0__

Un regordete “restaurateur” no se  cansa de decir que es cocinero y, por  lo tanto, se niega sistemáticamente a  ensayar alguna receta de “repostería”,  menester que deposita en lo que suele   llamar “señoras gordas”.  ¿Asumimos nuestra condición de “señoras gordas” o reinvidicamos nuestra  capacidad para hacer los más  sofisticados platos de la cocina internacional pero también los postres más  versátiles?  Para Francina Larivière, que gusta de  “cocinar de entrada a salida”, aqui va  la receta de la “leche helada” que me  pidió. Ingredientes necesarios: 2 litros  de leche, 2 yemas batidas, 1 libra de  azúcar blanca y canela.  Preparación: Se pone a cocinar la  leche con las yemas batidas. Se cuece  un poco de canela y se deslíe en el  azúcar. Bata sin descanso hasta que  se espese y hierva. Luego se pasa por  el tamiz y se introduce en la heladera.  ¡Doppo, molto bene!.

 

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