Historias de mi barrio

De nuestra redacciòn, Mateo, mi amigo y vecino de 11 años adicto a la tele y a Pompeya, estaba comentándome la actualidad politica: «No sé por le hacen tanta contra a qué este hombre. De vuelta quieren proscribirlo. ¿Qué les molesta que una persona acostumbrada a estar en un lugar no tenga ganas de moverse? Es humano, El se siente bien donde está. Claro, el otro también quiere estar en ese lugar. Es lógico: él nunca estuvo, se muere de ganas. Y están los otros que quieren estar. Y la otra, que la viene peleando con el rival que tiene adentro. En este momento no sé quién está más asustado, si ella o el que no se quiere ir».

Le propuse dejar la política de lado y le dije que me gustaría saber qué pensaba él de la vida, qué le habia quedado de lo que aprendió en la escuela, o en la casa, en la que habla la gente y no la tele.

Se quedó pensando un momento y comenzó: «Hay que ser bueno, pero sin dejarse llevar por delante. Miedo no hay que tener nunca. ¡Ambiciones hay que tener! Y dulzura. ¡Pero defender lo que es de uno hasta la muerte! La comprensión y la tolerancia son dos grandes virtudes, pero si a uno lo ofenden hay que contestar, hay que reaccionar, no quedarse callado. Hay que gustarle a la gente, para que la gente lo quiera a uno y uno entonces puede conseguir favores, ventajas y negocios. Tenemos que ser generosos, y altamente competitivos. Competencia sana, eh. Cada uno es cada uno, pero si hay uno que es mejor que uno… ihay que luchar y luchar hasta alcanzarlo, superarlo y reventarlo! ¡Hay que ser el mejor. el número uno, pero con humildad. Saber perder es tan importante como saber ganar, ipero yo si pierdo me muerooooo!… ¡Vamos Ar gentina todavíaaaaaaaaa! «