Interesantes recuerdos de la ciudad de un ex-fotógrafo de Pompeya (Parte 2)

De nuestra redacciòn. Còmo puede verse en el transcurso de la nota, coherente con su profesiòn, nuestro interlocutor aparte de memorioso y observador es tambièn un amante de la historia y de la arquitectura. Gran cantidad de amarillentas fotos de su autorìa, remiten a edificios emblemàticos de la ciudad o sus partes. No había en esos momentos los avances tecnológicos de la actualidad para preservar esas imàgenes. Lecxtor apasionado, sus material es acompañado de citas de autores y de sus propias conclusiones, lo que enriquece este material

:El edificio del Congreso conocido en una época como el «Palacio de Oro» por su costo exorbitante, se construyó frente a la Casa de Gobierno -también llamada «Palacio de Oro» por las generaciones pasadas, un kilometro y medio más adelante en la Avenida de Mayo

La avenida como una ancha faja a través del centro de la ciudad y para permitir su construcción se elimino una docena de manzanas de edificios. Aquella que alguna vez fue la avenida elegante se inauguró con un desfile de quinientas antorchas el 8 de julio de 1894. y se abrió a los coches el dia siguiente a celebrar para rel aniversario de la Independencia

En 1973 Annie Peck informaba a los lectores en su libro The South America Tour: «Algunos la consideran la calle más espléndida de este hemisferio, otros prefieren avenida Rio Branco en Rio, mientras que todos los que admiran los rascacielos insistirán en que no puede compararsela con Nueva York».

Y casi un siglo atrás, Delight S. Prentiss señaló «En la Avenida de Mayo, la mejor calle, el estilo francés de edificios de altura uniforme, una hilera de árboles, los cafés con mesas en la vereda, las tiendas elegantes y esas pequeñas islas de refugio que nos salvan la vida cuando cruzamos las calles llenas de gente, todo sugiere de manera marcada los bulevares de Paris».

Quince años más tarde, el graduado de Harvard, Henry Stephens, comentaba «La Avenida de Mayo es fisicamente un poco parecida a los bulevares parisinos, pero muy diferente en su carácter. Si se supone que los imita, entonces es una pobre imitación, pero es tan diferente en la mayoria de los aspectos, que como primera impresión la consideraría sólo una imitación fisica

. Cuantas más veces y cuanto más tiempo se sienta uno en los cafés y mira la gente que más lejana se hace la comparación de esta calle con otra calle en el mundo. Yo diría que la Avenida de Mayo es original. El café mis antiguo de la ciudad es el Tortoni, fundado hace más de cien años.

Allí se reune una mezcla divertida de intelectuales, amantes música y turistas. «Era en este café donde conocidos venían al menos dos veces por dia- escribió Stephens-y desde una mesa de hierro cubierta con mármol, debajo de la marquesina, observabamos la vida porteña con gran ventaja mientras pasaba por allí. Nos acostumbramos tan pronto a los diferentes transeúntes, muchos de los cuales concurrian a la misma hora todos los dias, que pronto conocimos las vocaciones de varios parroquianos, que no eran más que átomos dentro. de la numerosa población de la gran ciudad». Esas mismas mesas de hierro y mármol están alli, bajo una versión más moderna de la marquesina, y los visitantes aún se beben un expreso o una cerveza tirada. Hoy es más dificil determinar las vocaciones de los que pasan; todos se visten de manera similar y pocos revelan los atributos caracterìsticos de su profesión.

Durante más de treinta años, la Avenida, como la llamaban todos, fue el centro de la vida en la ciudad, lucía los teatros más populares, los hoteles más elegantes, los cafés mas concurridos. Vaslav Nijinsky, en los primeros años de su tortuoso matrimonio: Le Corbusier, mientras descubría la ciudad, y Federico García Lorca, cuando se reunía con los poetas locales, todos consideraban a la Avenida de Mayo su hogar en Buenos Aires. Un buen día en el Tortoni, por ejemplo, los buscadores de celebridades podían echarle una mirada a Carlos Gardel, Arthur Rubinstein, José Ortega y Gasset o Josephine Baker.

«Mientras tanto, su arquitectura, indiferente a las pasiones humanas, acompaña los acontecimien tos desde las alturas majestuosas de las cúpulas y pináculos que adornan la avenida con el esplendor ecléctico de todos los estilos posibles como si deseara simbolizar un nuevo perfil cosmopolita en la ciudad.

Los modales aristocráticos de la Francia de Luis XIV se mezclan con el encanto burgués del Art Nouveau la casi delirante actitud antiacadémica de Palanti rivaliza con la geometria temprana del Art De, la perversión centroeuropea de la Secesión Vienesa complementa el revival del neorrenacimiento italiano del edificio de La Inmobiliaria. En este, su primer gran bulevar, Buenos Aires finalmente dijo: Vale todo! Ya habrá tiempo para el pragmatis mo», dice la Guía de Arquitectura, de 1994

El ejemplo más notable del «vale todo es el Palacio Barolo, un edificio de oficinas como una torta de bodas, diseñado por Mario Palanti y terminado en 1923. En la parte superior, 120 metros por encima de la avenida, un reflector giratorio emite un haz que puede verse desde Montevideo, a unos 200 kilómetros de distancia. Esta obra de arte antiacadémica fue la construcción más alta de Buenos Aires durante una década.

El otro edificio de carácter único, ubicado a una cuadra de distancia de la Plaza de Mayo, es la ex sede de La Prensa, tradicional diario argentino, A comienzos de siglo, el editor José C. Paz encargo el diseño de la fachada al arquitecto Louis-Marie Sortais, en Paris. La construcción del monumental edificio fue un asunto internacional: docenas compañias francesas, suizas y norteamericanas contribuyeron a exaltar la grandeza del proyecto. Paul Garnier creó el enorme reloj de la fachada, sobre el cual se alza una estatua de tres toneladas. Como la Estatua de la Libertad, la figura sostiene a poderosa antorcha en una mano, pero en otra lleva la hoja de un periódico. La construccíon , junto como muchas otras ubicadas a lo largo de la avenida, fue restaurada recientemente por el Gobierno de la Ciudad con ayuda financiera de España.