Interesantes recuerdos de la ciudad de un ex-fotógrafo de Pompeya (Parte 1)

De nuestra redacciòn.- Así nos relataba su visiòn de la ciudad: Uno de los teatros más antiguos de Buenos Aires, el Liceo, administrado por un norteamericano durante mucho tiempo. Frente al Liceo, junto al corto tramo de vereda que se extiende entre Rivadavia y la Avenida de Mayo, un café al aire libre-Piazza-ofrecía a los turistas y habitués un café excelente y medialunas bañadas en miel.

Hace 20 años, encima del café, en la esquina de Avenida de Mayo y Luis Sáenz Peña, se levantaba un gran complejo de departamentos de la década del ’50, coronado por una serie de torres que presagian la solución posmoderna ubicua del arquitecto italiano Aldo Rossi, que consiste en dar una terminación a los que de otra manera serian bloques inanimados de acero, hormigón y cristal.

Cruzando la Avenida de Mayo, frente a este edificio, se encontraba una de las delicias de la arquitectura de Bu Airex La Inmobiliaria, una casa de departamentos de una cuadra de largo, de estilo seudoitaliano, construida en 1910. Cúpulas rojas de quince metros coronaban los extremos este y oeste del edificio; ambas eran propiedad de neoyorquinos: uno de ellos vino a bailar el tango y el otro se estableció en Buenos Aires.

Recientemente, la ciudad reforzó la iluminación, de modo tal que, desde un extremo, el transeúnte puede distinguir claramente la silueta del edificio del Congreso, ubicado a tres cuadras de distancia. Cuando se encienden las luces, el espectáculo es deslumbrante.

Mientras que la Avenida de Mayo ha sido tradicionalmente el hogar de muchos de los miembros de la empecinada comunidad española de Buenos Aires, los edificios de departamentos que rodean la plaza albergan una auténtica muestra de la población de la ciudad.

Un surtido desconcertante de perros circula libremente por la plaza, mientras sus amos conversan o se sientan a leer en los bancos. Los gatos se escabullen por las veredas, y las legiones de palomas
se amontonan en las fuentes más pequeñas o vuelan en formación irregular y descansan en los techos o en las salientes de las ventanas, para molestia de los porteros y vecinos.

El visitante puede asimilar mucho del encanto de la vida de Buenos Aires en unas pocas horas de observación concentrada mientras está sentado en un café o en el perímetro de la Plaza del Congreso.

Una parte importante de la vida en el centro de Buenos Aires tiene lugar en la calle: las compras, el paseo del perro, la lectura en un banco de plaza, la discusión sobre las cuestiones más destacadas de la caótica política local, acompañada por una taza de café del tamaño de un espresso, o se camina sin rumbo fijo inspeccionando a los demás y caminando sus calles