La automatización llevada de la tecnología a la experiencia barrial

De nuestra redacciòn.- Un sociòlogo que llegò a La Boca en forma esporàdica y se enamorò del lugar, de sus calles y de su gente a tal punto que es un habitante màs del lugar, filosofaba sobre un tema que muestra la supuesta evoluciòn de la gente, explicàndolo en su sentido más simple y barrial.

Cada vez que un tipo, interpelando a otro, lo llama. «máquina», se supone que lo está elogiando. Al fin y al cabo, con la misma palabra durante décadas se definió entre nosotros la perfección de una mujer, si es que no se apelaba directamente al «camión».»

Sin embargo, cuando uno se detiene a pensar, ¿qué clase de elogio es ese’? Se trata de un término que abiertamente postula al otro como una cosa, y cuyo uso se constituye en otro síntoma -uno más de la progresiva ruptura de los vinculos

Mientras los autores de ciencia ficción imaginan historias en las cuales robots, androides o replicantes darían lo indecible por tener sentimientos humanos, para nosotros, los hombres, el más alto grado de perfección reside cada vez más en parecernos a las máquinas. Y esa incomprensible ambición se verifica en el lenguaje cotidiano. En la década del ochenta, alguien dispuesto a llevar a buen término una tarea prometía «enchufarse», como si fue se una aspiradora. Ahora, cuando alguien patea mal un penal, la hinchada le exige que «se ponga las pilas».

Mientras los cientificos se esfuerzan por conseguir que las computadoras aprendan a pensar, los hombres nos volvemos de a poco robotitos sin voluntad, juguetitos de mala muerte. Los chicos de veinte, años atràs acuñaron otra frase: «Vos dame cuerda, que yo ando solo».

Y el diccionario se me vuelve desconsuelo cuando busco el significado de «autòmata». Porque no designa únicamente a una máquina que imita los movimientos de un ser animado. También quiere decir «persona estúpida o excesivamente débil, que se deja dirigir por otra».

Creo que es para pensarlo…