La Boca: Atracción de turistas y vecinos de la ciudad

De nuestra redacción- Aunque La Boca es básicamente hogar de inmigrantes europeos, testigo de los primeros pasos del tango y cuna del equipo de fútbol más popular de la Argentina, también es el sitio donde una norteamericana dejó su marca. Caroline Maud, hija de esclavos de Virginia, amiga de Josephine Baker en Nueva Orleans y sin raíces, se encontró un día a comienzos del siglo abriendo un bar en la calle Pedro de Mendoza, cerca de la esquina con la avenida Almirante Brown.

El «Droning Maud», como se llamaba el bar, fue un lugar de reunión para personajes como Jack London, Eugene O’Neill y John Mansfield, antes de dedicaran a escribir.

La única ayudante de Caroline era Eve Leneve, amante del infame Dr. Crippen, que asesinó a su esposa, fue capturado mientras trata de huir con Eve y finalmente ejecutado. Eve eligió Buenos Aires para comenzar una nueva vida y la encontró entre la variada clientela del «Droning Maud».

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Hoy, gracias al éxito resonante del tango en Francia y Finlandia, Colombia y Japón, se lo vuelve a oír en Buenos Aires.

El tango se ha reencarnado en múltiples manifestaciones. Se lo baila en las calles para los turistas; hay espectáculos espléndidamente montados en elegantes restaurantes-cafés; pequeñas orquestas entusiastas y cantores estrepitosos arañan el sonido en los bares de las esquinas; las plazas ofrecen noches de tango una vez por semana, para que parejas y solos se reúnen con la única intención de deslizarse por la pista, practicando los pasos intrincados de la mítica melodía.

Es muy reconfortante ver a los jóvenes trenzarse en modernas piruetas que mantienen las características del mensajre tanguero, pero estéticamente remozado y actualizado, brindando un espectáculo realmente agradable.

El tango requiere de un pequeño grupo de músicos; el sonido clave es el sollozo del bandoneón, que marca el ritmo a las guitarras, las flautas- El resto es solo la emoción de los bailarines.

Pompeya, Barracas…lugares que fueron su cuna y que hoy lo ven resurgir con jóvenes intérpretes y bailarines

Suspendidos temporalmente por el protocolo de la pandemia, ya se había consolidado la costumbre de hacer minirecitales al atardecer en los espacios verdes pùblicos , donde parejas de todas la edades se entrelazaban con los acordes del 2×4.

Y era frecuente que ante los acordes de la orquesta, los lugares asignados para el baile se poblaran de parejas pero, pasra sorpresa de los màs maduros, aparecìan parejitas jòvenes que entre firuletes y sentadillas dejaban boquiabierto a màs de un «veterano».

Còmo todo pasa, esta tambièn pasarà y volveràn esos disfrutes populares que tanto bien nos hacen.