La Boca y una ciudad construída donde el Plata se une al Riachuelo

De nuestra redacción.- El centenario de la independencia argentina se produjo en 1910, y ese fue un año para celebrar. La ciudad había consolidado su imagen como metrópolis de fuste, y muchos de los edificios, parques y avenidas que hoy atrapan la mirada de los visitantes datan de aquella época.

Fue una época de elegancia y opulencia. Las casas se construían para que parecieran castillos-y todavía siguen luciendo así. Como en Nueva York, la mayoría de estos sólidos edificios son actualmente sede de organismos oficiales o instituciones.

Las fastuosas edificaciones eran una especie de declaraciòn de poder econòmico y esa fastuosidad parecìa reinar en todas as construcciones importantes de la època

Puede que los ricos estén más ricos ahora, pero ya no emplean su fortuna en crear residencias monumentales en el centro de la ciudad. Algunos construyen casas extravagantes en los suburbios, en los barrios cerrados que conforman una elite, mientras que otros optan por el anonimato y la seguridad de los espaciosos pisos de lujo en edificios de departamentos.

Las ciudades tienden a ser criaturas a la deriva, que se extienden de manera irracional en respuesta a los caprichos del estilo y las exigencias de los compradores, Buenos Aires no es una excepción.

La ciudad se originó en el sur, donde el Plata se une al Riachuelo, en la zona denominada La Boca.

De allí creció hacia el norte, acompañando el desplazamiento de los poderosos. Vino el comercio, y los negocios -de reacción más lenta al cambio también fueron desplazando sus operaciones hacia el norte a lo largo de la costa, hasta toparse con las vías del ferrocarril y una serie de espacios verdes que brindan al porteño medio, atrapado en un laberinto interminable de rascacielos y estrechas calles enmarañadas, la oportunidad de recordar que su ciudad está construida realmente sobre las márgenes del rio más ancho del mundo.

Asi quedò casi parcelada la ciudad. El sur con sus casas bajas y su gente, casi toda obrera, de costumbres sencillas y que aportaban a la nuestra, su cultura. Palabras extranjeras que se incorporaron a nuestro lenguaje, càntos, usos y costumbres que pronto se fueron mimetizando con los nuestros, en una mixtura propia que conformò nuestra idiosincrasia de pueblo de inmigrantes.

Nuestra comuna, fue en una época un lugar pujante de vida, una vida dada por el trabajo y el esfuerzo, luego el avance de los tiempos la sumergiò en el olvido y la decadencia hasta que, revalorada y renovada, volviò a ser la que era, pujante y activa, respetuosa del pasado pero vibrante en su presente