Mi barrio: Recuerdos de infancia

Excl. para Nov.-Hay una ocre intolerancia climática que precipita al viento y lo encierra en un paisaje desértico. En algunos lugares también hay oscuridad sin resplandores, grises que resbalan poco más allá y juegan con el miedo de los pájaros que parecen huir como huyeron, un minuto antes de la formidable explosión, de los cielos todavía tersos y claros de la Hiroshima destruída por una bomba. Pero aquí estamos en La Boca, en una tarde apacible.

Hay un viejo de sombrero de alas anchas y redondeadas como los de ciertos reverendos franceses que fuma bajo una solitaria higuera en la esquina; hay profusión de tiendas de gitanos alquimistas que todo lo truecan en oro, y alguna zarzamora enamorada de un viejo muro, y un único niño, llegado desde sabe dónde y con rumbo a quién sabe qué, rodando un aro por el medio de la calle.

Hay todo eso: la bruma en lugar del sol, la tristeza de haber perdido algo sin poder hallarlo luego; las hormigas precipitadas cargando su peso en alimentos que buscan el agujero de sus guaridas. No se ve entre tanto polvo, entre tanta bruma, el gato gigantesco, color plata, que aparece y desaparece por entre las copas de los árboles de ese bosque interminable que conforma nuestro pasado.

Allí mismo, a pocos metros, yacen los materiales con los que un grupo de obreros construirá una larga ruta que unirá las ciudades en una cinta de asfalto interminable. Debajo, está la tierra herida, el sándalo muerto que aun perfuma el filo de las hachas y la espera agónica para la transformación. Hasta el caballo que pastaba hasta hace un tiempo en la hierba fresca y abundante dio un respingo, olfateó el aire cargado que bajaba desde el oeste, y se perdió en el recuerdo.

El hombre sigue fumando bajo la higuera. Sigue dando pitadas largas y el cigarrillo no se consume. El humo se mezcla con la cerrazón, con el silencio.

Hay que caminar en busca de casa, casi a tientas, mordiendo los pensamientos y recordando otros momentos. Pero nadie espera allí: solo el desdibujo de la infancia que pasó; un momento especial y único tal vez fruto de la fantasía, del delirio o del recuerdo de lo que nunca más será.

HERNANDO