Pasó en nuestra comuna

De nuestra redacción.-De Pompeya: «EL ULTIMO PAYADOR»

Todavía quedan en nuestra comuna, así como en Pompeya, La Boca o Barracas, también en San Telmo , Boedo y otros tantos barrios, amantes del tango, el que fue considerado la música de la ciudad.

Pero amantes en serio, coleccionistas de distintas versiones de un mismo tango o una misma milonga, interpretada por distintas orquestas o cantantes.

Estudiosos de su música y de su letra, conocedores minuciosos de la historia de esos poetas populares que perduraron en el tiempo con su poesía barrial y cadenciosa que pintaba una sociedad con sus costumbres y sus emociones.

Uno de esos vecinos, orgulloso vecino de Pompeya, nos decía:

Todavia pareciera estar viendo a Hugo del Carril interpretar su figura desgarbada y triste, empuñando la cantora y saludando hacia los parroqulanos de aquellos boliches orilleros que supieron aguantar al campo que irrumpía en la ciudad. Y recordar aquel poema, cantado postreramente sobre el mármol frio de su tumba, el 21 de abril de 1915. Homenaje humilde de quién humilde, «chusma» como Almafuerte, habia consagrado todo lo suyo, que era un bagaje cuantioso de coma pura, a exaltar en simples versos lo lindo y lo feo del salvaje mundo en el que le había tocado vivir: «Pobre José! Después de dura brega conseguiste llevar a la victoria la guitarra inmortal de Santos Vega. | Ella es tu monumento y es tu historia | ella es la herencia que la fe nos lega…» La voz quejumbrosa del payador Ramón Vieytes-duro como parejero y amigo del escablo del fuerte inició esta secuencia ininterrumpida, que ha ido manteniendo a través de los años una cons tante y no menos original costumbre: no llorarlo, sino cantarlo.

Tenía 37 años cuando su voz quedó trunca y sus labios no se despegaron nunca más en copla. Había nacido pobre, huérfano de todo cariño, amigo de la calle y la condena de vivir. Así se hizo, fraguándose como el hornero, a puro laburo; así se crió, en el trán sito duro del oficio del «durar». Así caminó la negra noche con la vocación profunda que lo acompañaría hasta sus últimos instantes: la canción. Y Buenos Aires-que, entonces, no se proyectaba hacia arriba, en busca de jaulas horizontales que son verticales lo tuvo por grande y por bueno, apañado por la magia y el conocimiento de aquel Gabino Ezeiza mítico. Así se fue mezclando a la dura ley de la lucha, primero hojalatero y definitivamente payador, JOSE BETINOTTI…