Recorriendo la ciudad: El Kilómetro Cero y la Plaza del Congreso

De nuestra redacción.- Si comenzamos por aquello que los argentinos consideran el eje de su ciudad-el kilómetro cero-, el punto desde el que parten los mojones indicadores de distancias hacia todo el país, nos encontramos en el extremo noreste de la Plaza del Congreso. A unos pocos metros del pequeño obelisco que indica el punto exacto del kilómetro cero, e inadvertido para la mayoría de los transeúntes, se yergue un bronce original de «El pensador», de Auguste Rodin.

. Esta yuxtaposición refleja dos características constantes de la sociedad: tesoros increíbles del pasado y proyectos no materializados que esperan tiempos mejores.

El elemento más destacado de la plaza, y de la ciudad misma, es el edificio que alberga al Congreso Nacional. El cronista viajero Henry Stephens, en su libro Journeys and Experiences in Argentina, Paraguay and Chile, escribió en 1920 que el edificio del Congreso, construido en 1907, «es el mejor edificio de Sud América. Costó 20 millones de pesos, lo que lo convierte también en el más caro del continente. Todo el mármol de su fachada se importó de Italia».

Por encima del inmenso portal del edificio, justo debajo de la cúpula, hay un grupo escultórico en bronce que muestra a una poderosa mujer -un préstamo de la mitología que representa a la Libertad que trata valerosamente de controlar las riendas de un par de furiosos padrillos mientras éstos arrastran su carroza atropelladamente en dirección de la «Casa Blanca» argentina, conocida como la Casa Rosada, por estar pintada de un particular tono de rosa. Se han dado muchas y diversas interpretaciones a la dama en aprietos y sus corceles. El Congreso y la Casa Rosada están uno frente al у otro, conectados por la Avenida de Mayo, de un kilómetro y medio de largo y bordeada de árboles.

En una esquina adyacente al Congreso existe un curioso edificio de diez pisos, con un molino en la parte superior. El Molino, como se lo denomina, está actualmente remozado al igual que la elegante confitería que antiguamente vibraba en la planta baja, atrayendo a legisladores y turistas por igual.

Un par de estatuas, de mayor tamaño que el natural, de negros africanos, que alguna vez golpearon una enorme campana para indicar las horas y para molestia de los vecinos, adorna un edificio cercano.