Recorriendo la Ciudad, haciendo un poco de historia. Hoy la Plaza de Mayo

De nuestra redacciòn.- La Plaza de Mayo data de 1580, cuando Juan de Garay escogió el sitio que sería la Plaza Mayor del asentamiento. Su diseño actual, de tres cuadras de largo por una de ancho, es de 1880, con renovaciones efectuadas en 1900, cuando el arquitecto paisajista Charles Thays le dio los toques finales a la simetría clásica impuesta por su predecesor, Juan Antonio Buschiazzo. En el centro de la plaza, la Pirámide de Mayo -que conmemora la independencia de España-, queda ahora empequeñecida por los edificios circundantes. Estos incluyen la Casa de Gobierno (Casa Rosada) -cuya versión actual fue inaugurada oficialmente en 1898-; la Catedral -iniciada en 1775-, para la que el escultor francés Albert-Ernest Carrier-Belleuse creó la tumba del Libertad general José de San Martin y Pedro Benoit los bajorrelieves neoclásicos de la fachada, inspirados el Palais Bourbon de Paris, el Banco de la Nación diseñado por Alejandro Bustillo en 1999 en sobrio y monumental estilo que caracterizó a muchos edificios públicos y el Cabildo que data de 1725.

El Cabildo, una de las pocas estructuras coloniales en pie en Buenos Aires, fue reducido en un tercio cuando se construyó la Avenida de Mayo, y en otro tercio cuando se uniò avenida diagonal hacia el sudoeste, lo cual restableció su simetría original en versión reducida.

El tiempo y la moda desplazaron el corazón de la ciudad hacia el norte siguiendo el río. Para la década del ’30 otras avenidas ocuparon el albergar a todos y cada uno de los ciudadanos en sus nuevas circunstancias.


Ciertos acontecimientos marcaron la inexorabilidad de la transformación. La quema del Jockey Club en 1953 fue profética, un signo de que ya nada era sagrado. La subsiguiente quema de las iglesias por parte de grupos extremos dio prueba de eso. En un nivel más prosaico, la reubicación del restaurante Pedemonte en 1980 señaló una vuelta a valores más tradicionales.

En lugar de ser reemplazado por una franquicia de comida rápida, el tradicional lugar de encuentro de los empresarios para el almuerzo se mudó, con toda la boiserie, a un nuevo y cercano emplazamiento. El Jockey Club, por su parte, se trasladó hacia el norte y logró recrear su lujosa atmosfera en un par de mansiones palaciegas de la plazoleta Carlos Pellegrini, ubicadas frente a las magníficas embajadas de Francia y Brasil. A pesar de estos nobles esfuerzos para detener el tiempo, nada volverá a ser exactamente lo mismo.

Con eso en mente, podemos comenzar nuestro viaje de regreso al pasado y las glorias del ayer, con rumbo al presente: en gran medida con el legado de valores católicos del sur de Europa y orientados a la familia, pero ansiosos por tomar parte en todos los cambios -culturales, sociales y tecnológicos- que han barrido el mundo en ondas sísmicas.

Aquellos cuyas familias fueron parte de la milagrosa evolución de Buenos Aires para ser la mayor ciudad de hace un siglo, aún se regodean con los restos muchas veces intactos del brillo del pasado. El halo de una Europa que también perdió su espíritu de Viejo Mundo aún proyecta su silueta sobre la ciudad, especialmente en las elegantes zonas comerciales y residenciales que visitaremos en nuestro viaje -un poco al sur, luego hacia el norte apartándonos del centrol.