Séptima edición del Festival de Tango de República de La Boca

Inf. LR.-Excelente noticia para nuestros vecinos amantes del tango, comienza la Séptima  edición del Festival de Tango de República de La Boca, donde podrán apreciar lo más variado de este género popular interpretado por calificados artistas.

Este jueves, el sábado y el domingo próximo se efectuará una nueva edición del Festival de Tango de República de La Boca en Plaza Matheu y el teatro Almirante Brown,Almirante Brown 1375, con entrada gratuita y que contará con la presencia de el dúo que conforman Diego Schissi y Nicolás Ciocchin, La Orquesta Típica La Vidú, Castiellos, Agustín Guerrero y el Quinteto Negro La Boca.

Comienza a las 21 en Lamadrid 1001-Plaza Matheu, con las actuaciones del Dúo Diego Schissi – Nicolás Ciocchin, y Marcelo Lodigiani junto a Amijai Shalev en bandoneón y Roma Ramirez en voz.
Un inicio atractivo que forma parte del total de una programación interesante que transita por los distintos aspectos del gánero.
Mañana también se presentarán el Dúo Abolengo Tanguero ( Guerra-Cabral), Agustin Guerrero (piano) junto a Pablo Marchetti (voz) y Castiellos (Cucuza y Mateo Castiello).

Y el viernes se presentará el dúo que conforman Diego Schissi y Nicolás Ciocchin, con las actuaciones de Lulú, Marisa Vázquez, Hernán Fernández-Adrián, Patricia Malanca; los dúos Tango Negro, Koufati-Larisgoiti y Milonga en dos Panes, dúo uruguayo de guitarras, en el teatro Almirante Brown. Además habrá un cierre con el grupo Piraña.
Continúa el sábado, también en el teatro Almirante Brown, con Osvaldo Peredo y Gabriela Novaro acompañados por el guitarrista Hernán Rinaudo, Barsut, Vruma y Los Dinámos, Tangócrtas, Alejandra Diagne, el Quinteto La Boca,Tango Rante y La Orquesta Típica La Vidú

Así presenta Argentina,Travels al Tango y su historia:

«En las callecitas empedradas de los suburbios. En las fachadas de las centenarias casas de los inmigrantes. En los bares, librerías y disquerías del centro. En las tanguerías y en las milongas en las que se baila abrazados. Buenos Aires (se) vive en clave de 2×4. El tango es una expresión musical y una danza sensual, pero es, también, muchas otras cosas más. Es un lenguaje particular –el lunfardo, una jerga vinculada a la inmigración y a los arrabales porteños-, un modo de vestirse y de andar, una forma de vida. Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2009, el tango es marca registrada del Río de La Plata.

De origen marginal y prostibulario, durante la primera mitad del siglo XX el tango se convirtió en la música ciudadana por excelencia. Las huellas de aquella época dorada se encuentran hoy en las imágenes omnipresentes de Carlos Gardel, ‘el zorzal criollo’ que, dicen los porteños, “cada día canta mejor”. En los nombres de las calles de Buenos Aires que homenajean a músicos y poetas del tango: Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo, Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche. Recorrer los barrios típicamente tangueros es una buena forma de conocer la mítica de esta música porteña. Si bien es usual encontrar vestigios de tango en cualquier esquina de la ciudad, a músicos callejeros que tocan el bandoneón y a parejas que bailan para luego pasar ‘la gorra’ (en la céntrica peatonal Florida, en las plazas de la coqueta Recoleta), hay barrios emblemáticos por su historia tanguera: en el sur, Boedo, y en el centro, el Abasto. Dos postales clásicas y muy pintorescas de la ciudad tanguera son Caminito, en el barrio de La Boca, y Plaza Dorrego, en San Telmo.

En la Buenos Aires del siglo XXI el tango no sólo es recuerdo. La cultura del 2×4 cuenta hoy con una escena tanguera renovada, alimentada por nuevas generaciones de músicos que fusionan la música ciudadana con otras expresiones musicales o, simplemente, la adaptan a la sensibilidad musical de esta época. Al caer la noche en la ciudad, el tango despliega toda su sensualidad y su encanto en tanguerías, milongas, cenas shows y espectáculos teatrales de alto impacto. El circuito es amplio y diverso y se concentra en su mayoría en los barrios del sur, donde orquestas, cantores y bailarines de primer nivel ofrecen propuestas clásicas y de vanguardia que se acompañan con una exquisita cena auténticamente argentina (entre el tango, el asado, las empanadas y el vino se ha instalado un curioso maridaje pleno de placeres). Lo que prima en esta experiencia es el virtuosismo. Las parejas de bailarines ensayan pasos dificilísimos, con firuletes, vueltas y saltos, plenos de sensualidad. Los vestuarios son lujosos. Los cantores y las orquestas acompañan de maravillas y aportan glamour a la tanguera noche de Buenos Aires.

Menos conocidas, pero no por ello menos atractivas, son las milongas, donde el objetivo es bailar “hasta gastar la pista”. Lejos del concepto de espectáculo, en las milongas populares todos son protagonistas. Aquí el tango no se contempla, se vive. En la pista de baile se confunden expertos, aficionados, principiantes y curiosos de todas las edades. Algunas milongas comienzan con clases de baile en las que se aprenden los ocho pasos básicos. Para tomar estas clases hay que llegar temprano. Luego, sólo se trata de dejarse llevar: la improvisación es una de las características más fascinantes del tango.»

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