«Tiene la palabra»: El espacio de los vecinos de la Comuna 4

Por Sergio Belautesgui, vecino de Parque Patricios, Contador de oficio e Historiador de Corazón.

Queridos amigos, hoy les vengo a hablar de un tema que me llama mucho la atención, coincidiendo que justo se cumplió un nuevo aniversario de este suceso histórico. Ya me conocen, no soy historiador, pues por mandato familiar (y la presión que eso conlleva) me ví obligado a estudiar números. Pero amo la historia, la llevó en el alma, y dedico mi tiempo libre a estudiar e investigar. Creo firmemente que una sociedad que no revisa su pasado, pone en peligro su futuro.

Les quiero hablar de lo que se conoce popularmente como el «Mayo del ´68». La versión abreviada sería que se conoce como Mayo francés o Mayo de 1968 a la cadena de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968. El grueso de las protestas finalizó cuando De Gaulle anunció las elecciones anticipadas que tuvieron lugar el 23 y 30 de junio.

Hasta ahí sería correcto. Ahora, de lo que no se habla, es de los mitos y realidades que marcaron ese acontecimiento:

Hace treinta años hubo una revuelta. La protagonizaron estudiantes franceses y la apoyaron estudiantes de todas las geografías. Ella encarno, como pocas, el espíritu de la época Desde luego, no se trata de festejar la nostalgia. En todo caso, se trata de ejercitar el músculo de la memoria y de entrenarse en la reflexión revisitando aquellos acontecimientos, que, en su tiempo generaron fuertes compromisos y movilizaron a la opinión pública. La distancia produce nuevas perspectivas. Construye y destruye historias, mitos y leyendas. Con el tiempo, se nos propuso que el Mayo francés fue «una crisis de civilización. «un momento de transición en el proceso de modernización y progreso», «la encarnación de la demanda de utopía», «una reacción antiautoritaria», «una respuesta de una sociedad bloqueada», «un movimiento social», y muchas otras ofertas teóricas.

Una revuelta que no perseguía llegar al poder sino cambiar la sociedad, un movimiento para reivindicar más libertades en la esfera privada que cuestionó la esfera pública.

En los hechos, aquellas jornadas, expresaron parte de un proceso menos visible de adecuación de las estructuras a las nuevas demandas de la modernización y el progreso En las barricadas se enfrentaba a la policía, se de batía y se formaban parejas. Los alumnos del Conservatorio llegaron a exigir «la expropiación de las estructuras sonoras. Grupos de adolescentes invadieron el Odeón pidiendo educación sexual pronta y adecuada. Los jóvenes fueron sus sus protagonistas. Bajo condiciones y circunstancias irrepetibles. Sin embargo, hasta poco tiempo antes, se los criticaba en Francia por su falta de compromiso y desinterés. Nadie previo el movimiento que se avecinaba. Ni políticos, ni sociólogos, ni encuestadores. Y, de pronto, allí estaban, cambiando la historia para siempre…

El futuro es un horizonte abierto.