«Tiene la palabra»: El espacio de los vecinos de la Comuna 4

De nuestra redacciòn. El Señor X a veces, siente piedad por sì mismo. Piedad porque es el viajero que se queda de a piè cuando los colectivos suburbanos «cortan» sus servicios antes de medianoche: piedad porque para ser atendido en el servicio externo clínico u odontológico del hospital de su distrito debe levantarse de madrugada, retirar un número que le entrega una enfermera malhumorada y esperar que alguien le llame; piedad porque cruzar una calle de la periferia es más peligroso que jugar a la ruleta rusa, mientras las prevenciones se concentran en los lugares de lucro para las empresas que concesionan los estacionamientos; piedad porque viajar en un transporte público resulta una impredecible y azarosa experiencia que puede culminar en un hospital o en el cementerio, o la que hoy en dia es más que frecuente, encontrarse al bajar sin su dinero o sin el celular tan necesario para su trabajo, sin excluir, claro está, la posibilidad de que el periplo termine bien; piedad porque el Señor X ha padecido, a lo largo de tantos años, las diversas escuelas que se alternan en la fijación de códigos para el mejor vivir.

Al Señor X le han negado la posibilidad de optar por la doctrina de la apertura socio-moral de mercado, que reivindica el derecho a elegir lo mejor, lo más sano y útil para su calidad de vida. Por eso, por la falta de un libro de quejas, el Señor X fue modelado para pervivir en un sistema perverso porel cual nada habría por reclamar y solo queda la aceptaciòn resignada de una sociedad que anda a trasmano de la lògica y la moral.

Al Señor X lo han querido deslumbrar con las más asombrosas teorías de rebelión, le han mostrado las más perfectas reglas del «salten la valla»para normar las instituciones o, directamente, para disolverlas. Pero el Señor X sabe que las instituciones no deben ser derruídas a golpes de pico, sino que debe perfeccionárselas por medio de ellas mismas; que la piedad que siente para sí y para los que navegan en la orfandad debe reciclarse para la elaboración de un mínimo ideal existencial y que todos, sin excepción, deben acudir, para protegerse y proteger a los demás. a la solidez institucional que solo pueden brindar la Ley y la Justicia, juntas, siempre juntas, como las manos que imploran paz.

La educación, el don de gentes y el respeto por los demás no debieran ser patrimonio
del pasado. Sin embargo, basta con observar el estado de algunas calles o plazas de nuestra comuna , para darsecuenta de la indolencia de quienes dicen defender la calidad de vida de sus semejantes: papeles sucios, botellas vacías y otros objetos son los «souvenirs» que dejan desaprensivos «ciudadanos» que hacen oìdos sordos a las campañas constantes que se realizan desde todas las instituciones para concientizar a los desaprensivos, que seguramente son también los que se niegan a usar barbijo con una actitud de estúpida rebeldía ¿Es que el prójimo no tiene ninguna importancia para ellos?